¿Por qué se les llama gatos a los madrileños?

Escudo de Madrid
Significado del escudo de Madrid: El escudo lleva una corona mural y se divide en dos cuarteles en la parte superior y uno en la inferior. El cuartel superior derecho va rodeado de una orla azul con fruto rojo y sobre fondo de plata. Las siete estrellas simbolizan las Escuelas de Astronomía de la época de ocupación de los árabes. El oso figura por los muchos osos que hubo en tiempos lejanos cuando en España habia bosques muy poblados dentro de una gran extensión de territorio y el madroño por los pleitos entre el Cabildo y el Ayuntamiento, llegando al acuerdo de que los pastos serían propiedad del primero y los árboles del segundo.
El gentilicio de los habitantes de Madrid es madrileño o matritense. No obstante, históricamente, a los habitantes de Madrid se les ha apodado también gatos debido a que, según la leyenda, la conquista de la ciudad por las tropas de Alfonso VI a finales del siglo XI, se realizó mediante el asalto de la muralla por la que treparon las tropas castellanas. Otras leyendas señalan en cambio que este apelativo de gatos les fue otorgado a los ciudadanos de Madrid en la Edad Media por su gran habilidad a la hora de trepar por murallas y acantilados con las manos desnudas.
Muchos madrileños conocen bien su mote y cuando se presentan ante otros provincianos se hacen llamar gatos. Este mote es muy antiguo y salvo para personas interesadas en estudiar la historia de Madrid, es complicado determinar su origen.
¿Por qué se les llama gatos a los madrileños?
La primera constancia histórica de la existencia de un asentamiento estable en la ciudad que hoy conocemos como Madrid data de la época musulmana. En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba Muhammad I (852-886) construye una fortaleza en un promontorio junto al río, en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real, con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolla, hacia el sur, el poblado. Esta población recibe el nombre de Mayrīt, Magerit en su forma castellanizada, cuyo significado no está claro, pero que parece ser el híbrido de dos topónimos muy parecidos: uno europeo mozárabe, matrice, con el significado de fuente, y otro árabe, majrà, que significa cauce o lecho de un río. Ambos aluden a la abundancia de arroyos y aguas subterráneas del lugar del emplazamiento. De este período, conocidos a partir de los diversos trabajos arqueológicos desarrollados en la ciudad a partir de 1975, se conservan algunos restos: la muralla árabe de la Cuesta de la Vega, la atalaya de la Plaza de Oriente y los vestigios de un viaje de agua de la Plaza de los Carros. Esta zona geográfica era muy importante para poder controlar el territorio desde el cual acceder tanto a los reinos castellanos del norte como a los reinos musulmanes del sur.

Estatua de Alfonso VI en los Jardines de Sabatini de Madrid (F. Corral, 1753)
Se encuentran dos culturas distintas la feudal y la islámica. No se habla de emigraciones masivas sino de un documento real que reglamenta: la distribución de la población: los judíos y moriscos se agrupan en las Vistillas donde antes estaban los cristianos, pero sigue la convivencia pacífica de las tres culturas, la administración de la medina y de cada barrio, zocos y baños. La estructura social se establece por oficios y clases. Continúa Madrid como Ribat, con centro de comunicación y de enlace de torres vigía.
De esta época datan también las leyendas en torno al encuentro de una imagen de la Virgen en la muralla exterior el 9 de noviembre de 1085. Esta imagen es la de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid.
La mayor parte de los investigadores sitúan a finales del siglo XII los vestigios conocidos del segundo recinto de la muralla, que abarca una superficie, irregular, de una 33 hectareas, desde el primer recinto a Puerta de Moros-Puerta Cerrada (donde hoy existe un mural con el primitivo lema de Madrid: Fue sobre agua edificada) Puerta de Guadalajara-Puerta de Balnadú-Alcázar y que, según Jerónimo de la Quintana era de cal y canto y argamasa, de 12 pies de ancho, y tenía torres, barbacanas y fosos llenos de agua ( de donde viene el nombre de cava que tienen algunas calles, por haberse construido sobre este foso una vez cegado). Si leemos el Fuero de 1202, vemos que la muralla seguía construyéndose.
El origen de esta expresión lo explica Fernández de los Ríos en su Guia de Madrid (Madrid, 1876, página 92, nota 9ª):
“Gato: Fue apellido muy célebre en la conquista de Madrid en tiempo de Alonso VI: en el asalto de la plaza hizo prodigios de valor un soldado que trepó por la muralla auxiliado de una daga que clavaba en las junturas de las piedras; sus camaradas dijeron que parecía un gato, palabra por la cual trocó su apellido la familia, tan estimada desde entonces, que no se tenía por nobleza castiza de Madrid a la que no pertenecía a aquel linaje, o al de Los Escarabajos y Los Muertos, que eran los tres más ilustres de la villa; de ahí el llamar a los hijos de ella gatos de Madrid”.
En la actualidad, la calle Alfonso VI es una de las principales y más singulares calles del Madrid musulmán. Debe su nombre al conquistador de la ciudad, ya que parece que fue por esta vía por donde entró victorioso Alfonso VI. Recibe este nombre desde el 29 de mayo de 1878, ya que hasta entonces esta travesía era conocida como la Calle del Aguardiente. El motivo de esta originaria denominación era porque en ella se encontraba un depósito de esta bebida espirituosa, hasta el año 1817. En el plano de Texeira (1656) no recibe nombre alguno, mientras que en el de Espinosa (1769) se la conocía como Calle de San Isidro. Hay que indicar que, hasta el Siglo XIX, era frecuente que dos o tres calles recibiesen el mismo nombre.
En el principio de esta calle, esquina con la de Redondilla, se encuentra el colegio de San Ildefonso Inmemorial de la Doctrina (también conocido como de los Doctrinos). El colegio ocupa el que antiguamente era el Palacio de Don Beltrán de la Cueva. La fama de esta institución se debe a que sus alumnos cantan el premio de la Lotería Nacional.

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